A juzgar por el comportamiento que tiene durante las primeras semanas de su vida, el serhumano parece que nace con el fin de dedicarse a dormir. Así, un recién nacido duerme un total de 16 horas al día y lo hace a lo largo de 6 a 8 episodios de sueño de aproximadamente 4 horas cada uno. Entre estos episodios de sueño se intercalan periodos intermitentes de vigilia. De esta manera, el recién nacido no respeta la noche, despertándose una o varias veces a lo largo de la misma.
A partir del primer mes, comienza un proceso gradual que dura de tres a seis meses, en el que la duración de los despertares nocturnos disminuye. El bebé empieza a dormir de manera continua prácticamente durante toda la noche. No obstante, en casi un tercio de los niños en edad preescolar persisten estos despertares nocturnos a modo de vestigios de los primeros meses de vida. Esta “secuela” es la consecuencia de una consolidación inadecuada del período de sueño nocturno.
Mientras que durante el primer año de vida, las transformaciones del sueño son espectaculares, entre los 2 y los 4 años son más graduales. Normalmente, los niños de esta edad duermen por la noche unas 10 horas, más las dos siestas habituales. A partir de los tres años de edad va disminuyendo la “necesidad” de dormir durante el día, hasta prácticamente desaparecer antes de los seis años.
Durante la infancia media, período que abarca de los 5 a los 10 años de edad, el sueñoalcanza un grado de madurez suficiente como para permitir la comparación con el adulto. Aunque existen importantes variaciones individuales, para un mismo niño tanto la duración del sueño como la secuencia de fases del sueño son relativamente constantes noche tras noche. En ese período, el número de horas de sueño es 2,5 veces superior al adulto. La proporción de sueño REM es ya similar a la que se da en el adulto, habiéndose producido una disminución importante desde el primer año de vida. Pasados los siete años, no es habitual que el niño necesite dormir la siesta. Si ocurre, lo más probable es que por la noche duerma menos de lo que necesita o que padezca de algún problema durante el descanso nocturno.
Los cambios vuelven a acelerarse a partir de la adolescencia. Una vez alcanzada ésta, el número de horas de sueño disminuirá hasta un promedio de 7 a 8 horas a los 17-19 años, en comparación con las 10 horas que se duermen a los diez años. No obstante, y a diferencia del anterior grupo de edad, los hábitos de sueño del adolescente son muy variables, dependen de si tienen que acudir al colegio al día siguiente o no. Durante este periodo de edad, el número de horas de sueño suele ser insuficiente, produciéndose un incremento de la somnolencia diurna. Todo ello ha llevado a pensar que las necesidades totales de sueño no solo no disminuyen sino que incluso aumentan durante la adolescencia. Se produce una disminución tanto del tiempo de permanencia en cama como del número real de horas dormidas por la noche.Este proceso conlleva un déficit de sueño y un aumento de la somnolencia diurna con la consiguiente disminución del rendimiento escolar.
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