lunes, 1 de octubre de 2012

01/10/2012


Embarazo y sueño

Rosa se encontraba en el séptimo mes de embarazo, cerca de la culminación de algo que había ansiado durante mucho tiempo. Todo había ido bien hasta aquel momento, aunque debido a un problemahormonal con la tiroides, su peso había aumentado en 20 kilogramos. Nunca había dormido bien y la verdad es que desde hacía algunas semanas su sueño había empeorado mucho. Se despertaba con frecuencia con la boca seca, le molestaban y a veces le dolían las piernas y en la cama no encontraba postura. Con frecuencia se despertaba con calambres dolorosos. Su marido le había dicho que roncaba y se había ido a dormir a otra habitación. Por las mañanas se levantaba muy cansada y con dolor de cabeza. Durante el día tenía permanentemente sueño. Una vez llegó incluso a dormirse en un semáforo mientras conducía por la ciudad. Alarmado, su marido llamó al ginecólogo y éste sugirió acudir a una Unidad de Sueño. Tras hacer un estudio de sueño, comprobó que además de roncar tenía frecuentes pausas de apnea. Durante éstas su oxigenación disminuía y, según le comunicaron, podía hacer incluso peligrar al feto. Se decidió realizar un tratamiento con CPAP, una mascara nasal de la que emanaba un flujo de aire a presión. Rosa tuvo que utilizarlo durante todo el embarazo. Sus molestias mejoraron en cuestión de dos días: comenzó a dormir bien y durante el día desapareció la somnolencia, por lo que recuperó el tono vital que le era característico. Siguió utilizándolo después del parto y, tras perder pacientemente peso, unos meses mas tarde pudo interrumpir el tratamiento.
El 68% de las mujeres embarazadas presentan algún tipo de problema relacionado con el sueño. De hecho, la aparición de dificultades va aumentando a medida que progresa la gestación: durante el primer trimestre de embarazo, sólo el 14% de las mujeres presentan molestias, fundamentalmente por nauseas, vómitos, dolor de espalda, y aumento de necesidad de micción. Durante el segundo trimestre, esta cifra aumenta al 20% ya que aumentan los movimientos fetales y el ardor retro esternal (reflujo gastroesofágico). En el tercer trimestre es cuando esta cifra se “dispara” hasta el 66%, porque concurren el aumento de frecuencia urinaria, dolor de espalda, dificultad respiratoria, y calambres en las piernas. A estos inconvenientes, de naturaleza física, deben de añadirse otros factores que alteran el sueño como la aparición de pesadillas nocturnas o los calambres en las piernas.

Durante el embarazo se produce un aumento dramático de la secreción de varias hormonas con efecto sobre el sueño, como la prolactina, el estrógeno o la progesterona. Este último, por ejemplo, aumenta rápidamente durante el primer trimestre de embarazo, contribuyendo a la somnolencia que se suele experimentar durante el día. El aumento de prolactina durante el primer trimestre relaja a su vez la musculatura de la vejiga, haciendo que la micción sea de menor cuantía y más frecuente. El crecimiento del útero comprime adicionalmente la vejiga y los movimientos en la cama.- Hace más difícil la respiración porque el músculo diafragma dificulta que podamos respirar ya que el músculo diafragma debe de buscar espacio contra una masa abdominal cada vez mayor. Este aumento del útero, con el consiguiente aumento de la masa abdominal, favorece que el esfínter gastroesofágico se desplace causando el reflujo gastroesofágico cuando estamos en posición horizontal en la cama.

El 31% de las mujeres ronca durante el tercer trimestre de embarazo y lo hacen más aquellas que han engordado demasiado. Además, la mujer embarazada suele padecer de congestión nasal, lo cual facilita el ronquido. En algunos casos se producen apneas (pausas de respiración) que contribuyen a fragmentar el sueño y producir microdespertares. Estas pausas respiratorias pueden favorecer el desarrollo de complicaciones, en especial el retraso en el crecimiento. En cualquier caso, las mujeres roncadoras tienen el doble de probabilidades de tener complicaciones perinatales que las no roncadoras.

Otros problemas físicos que alteran el sueño durante el embarazo son las lumbalgias (dolor de columna en el ámbitolumbar), que se producen en la mitad de los embarazos. Estos dolores tienden a aumentar por la noche, por lo que afecta al sueño. En el tercer trimestre de embarazo, la masa abdominal puede comprimir importantes venas y arterias, principales vías de aporte de sangre arterial y venosa al abdomen y a las extremidades. Como resultado de la compresión algunas partes del cuerpo se ven desprovistas deaporte sanguíneo, lo cual hace que se produzcan edemas, molestias e inclusodolores que pueden despertarnos. Como forma de evitar todo esto, muchas mujeres tienden a dormir sobre el costado.

Durante el embarazo, sobre todo durante el tercer trimestre, aparecen dos problemas en las piernas que alteran el sueño. Por un lado, los calambres, que son despertares dolorosos por contracción muscular en las piernas. Su causa es diversa, pudiendo deberse a factores hormonales, compresión de nervios, etc. Por otro lado, durante el embarazo se producen con frecuencia una disminución relativa de los niveles de hierro, principalmente por aumento de la demanda. Por lo que muchas mujeres padecen un síndrome de piernas inquietas. Éste se refiere a la aparición de molestias en ambas piernas que pueden tomar la forma de intranquilidad, calor, frío, hormigueo, dolor, etc. Estas molestias aparecen o aumentan por la noche, especialmente cuando la mujer está en reposo, y van asociados a una ineludible necesidad de mover las piernas, darse masajes, pasear, etc. El síndrome de piernas inquietas suele desaparecer tras el embarazo. No obstante, en algunas mujeres predispuestas puede no mejorar tras el parto.

Así, durante el embarazo se produce un empobrecimiento del sueño, aumentando el número de despertares e intercalándose periodos de vigilia en el sueño. El sueño se fragmenta, se hace más superficial, y disminuye el contenido de sueño de ondas lentas, el componente más reparador del sueño. No debe de extrañar que la mujer gestante tienda a quejarse de padecer cansancio y somnolencia a lo largo del día. Estos cambios, que comienzan a ser perceptibles a partir de las 11-12 semanas de gestación, mejoran ligeramente durante el segundo trimestre y vuelven a empeorar en el tercer trimestre.

La aparición de ardor retroesternal, ronquido y molestias en las piernas es algo frecuente en el embarazo y tiende aumentar a lo largo de éste. Es importante que la mujer embarazada discuta con su médico el grado en que estos síntomas realmente reflejan trastornos comoreflujo gastroesofágico y piernas inquietas, especialmente si van acompañados de somnolencia durante el día. En algunos casos puede ser necesario realizar un estudio de sueño con el fin de poder valorar la severidad del problema y garantizar la seguridad tanto del feto como de la madre.
 
 

 

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