Cómo envejece el reloj biológico
A lo largo de los años, la amplitud de los ritmos circadianos varía. Así, mientras un adulto joven tiene una diferencia de temperatura corporal de 2ºC entre el día y la noche, a los 75 años puede ser de solo 0.5º. Esta es la causa que hace que cuando somos más jóvenes estamos o bien completamente despiertos o completamente dormidos. Conforme nos hacemos mayores nuestro ritmo se “aplana”, es decir, reduce las diferencias entre el día y la noche.
En el día estamos despiertos pero cercanos a dormirnos, mientras que durante la noche dormimos pero con poca profundidad. No es que necesitemos dormir más o menos que cuando somos jóvenes, sino que distribuimos nuestro sueño y nuestra vigilia de una manera más uniforme a lo largo las 24 horas.
Todo es todavía más complicado, ya que de hecho existen dos sistemas de regulación del sueño: Por un lado, disponemos de un reloj circadiano que como hemos dicho se localiza en el cerebro cerca de dónde se fusionan los dos nervios ópticos (que van de los ojos al cerebro). Este reloj puede ser influido por la luz ambiental.
El otro sistema de regulación está formado probablemente por alguna sustancia o proceso que influye sobre el sueño y que disminuye durante el día y se reconstruye mientras dormimos, a modo de “reloj de arena”. Mientras que nuestra temperatura corporal es regulada por el primero de los sistemas, el ritmo sueño-vigilia atiende al segundo.
Los desajustes surgen debido a que ambos sistemas no funcionan con la misma velocidad. En el adulto joven el reloj cerebral tiene un ciclo de 25 horas, mientras que el sistema de “reloj de arena” lo tiene de 28 horas. Esto obliga al organismo a poner ambos relojes a la misma hora. La sincronización es diaria porque todos los días se separan unas cuantas horas, por lo que es necesario volver a ponerlos en hora.
Esta es la única manera que el organismo tiene para saber qué hora es. Para mantener ambos relojes lo suficientemente coordinados de manera que el organismo pueda funcionar de manera unificada y poder vivir sincronizadamente con el resto del mundo, es preciso que pongamos en hora ambos relojes una vez cada 24 horas. En el joven, ambos relojes se sincronizan a la hora de levantarse. No importa a qué hora lo hagamos, con tal de que se haga con regularidad. Las personas jóvenes sincronizan sus relojes levantándose pronto. En cambio, en el anciano, la sincronización suele producirse a la hora de acostarse. Por ello, la manera que tienen los mayores de alargar el ciclo de su reloj es acostándose a una hora más tardía de aquella que a ellos les gustaría, de manera que no se despierten al día siguiente a las 3 de la madrugada. En ambos casos, la manera de sincronizar el reloj son la luz ambiental y la actividad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario